Sepulcro de Alonso Fernández de Madrigal


Antes de hablar de la obra que nos ocupa, hay que decir algo de su entorno. La catedral del Salvador sorprende, dado que no se encuentra entre las más celebradas de España. Nuestro país fue el último de la Europa Occidental en adoptar la bóveda de crucería, en el nártex y la cripta de la Catedral de Santiago de Compostela. El siguiente ejemplo de gótico temprano se encuentra en la catedral de Ávila. Su primer arquitecto, el maestro Eruchel o Fruel, murió en 1192, dejando prácticamente terminada la girola, uno de los lugares que mas me han sorprendido en los últimos tiempos.


Realizada con una piedra procede de las canteras del municipio de La Colilla, situado a unos diez kilómetros, que se denomina caleña o arenisca sangrante (debido a las vetas de color rojo que contiene debido a la presencia de  óxido ferroso), la girola es absolutamente peculiar y proporciona una atmósfera única. Conviene añadir, además, que el ábside forma parte de la imponente muralla (originalmente, no fue así concebido, el forro defensivo que se le antepuso se realizaría en el siglo XIII). El resto de la catedral se terminó con una piedra más barata y menos deleznable (resistente a la acción de los elementos).

Vasco de la Zarza, h. 1520. Catedral de Ávila
Alabastro

Vasco de la Zarza pertenece a la primera generación de escultores españoles del Renacimiento, en el primer tercio del siglo XVI (recordemos que en es España no hubo Quattrocento, ya que durante el siglo XV todavía permanecía en nuestro país el gusto por el gótico).


Sin duda, su obra más importante es este panel, que se encuentra justo detrás del altar mayor, hacia la mitad del deambulatorio. Es el sepulcro de Alonso Fernández de Madrigal, también conocido como el Tostado, uno de los intelectuales más importantes del siglo XV. Todavía se utiliza la expresión “escribir  más que el Tostado” para indicar que una persona escribe mucho; también se utiliza “saber más que el Tostado” para expresar la erudición de alguien.


Así se le representa, concentrado en su tarea, escribiendo en un pliego apoyado sobre un atril, sentado sobre su cátedra de obispo. La minuciosidad que se aprecia en los detalles de los ropajes, en los bordados de las telas; el realismo de los pliegues, o la sensación de que las piedras preciosas de la mitra y de la capa se hubieran incrustado sobre el alabastro resultan fascinantes.

Detrás de su figura se encuentra un tondo con la Adoración de los Reyes, mientras que en la parte inferior, una serie de hornacinas contienen representaciones de las siete Virtudes. Este conjunto queda enmarcado por un arco de medio punto, a su vez flanqueado por dos columnas decoradas con grutescos.

A su alrededor se disponen, dos a cada lado, otros cuatro paneles con relieves esculpidos dedicados a los cuatro evangelistas, ejecutados por el mismo Vasco de la Zarza y uno de sus alumnos, Lucas Giraldo.

El de San Mateo, con el tondo de San Jorge, está coronado con el Bautismo de Cristo:


El de San Marcos, con el tondo de San Humberto, está coronado con el encuentro entre Maria Magdalena y Jesucristo (Noli me tangere):


El de San Lucas, con el tondo de San Martín, coronado con la Transfiguración:


Y, por último, el de San Juan, con el tondo de Santiago, coronado con la decapitación de San Juan Bautista:


El conjunto que forman el deambulatorio del maestro Fruel y el sepulcro de Vasco de la Zarza conforman un lugar muy especial, que ya por si solos, colocan  a la catedral de Ávila dentro de la lista de monumento artísticos de obligada visita.

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