L’esposa / Conversió


Óleo sobre lienzo
102 x 82,5 cm.

El modernismo catalán tuvo en el Cercle Artístic de Sant Lluc su rama más idealista y conservadora. Uno de sus máximos exponentes fue el pintor Joan Llimona, además de primer presidente de dicha asociación. 

De todos sus retratos, éste es el mas admirado. Ciertamente, en la mirada de la joven se adivina la llegada del marido, lo que unido a la acertada iluminación de la escena, proporciona un brillante resultado. 

Para entender mejor esta obra, echemos un vistazo a otra tela del autor, Conversió, que rezuma influencia prerrafaelita. Este calificativo no es gratuito:


Óleo sobre lienzo
137 x 118 cm.

La pintura está llena de simbolismo. Resulta significativo saber que tanto Joan como su hermano Josep estaban muy unidos. De hecho, Joan acompañó a éste en su viaje a Roma, ya que éste había ganado una beca para continuar allí sus estudios de escultura. 

Aunque procedían de una familia extremadamente católica, los hermanos no estuvieron tan tremendamente comprometidos con esas ideas hasta 1890, año en el que Joan se puso enfermo y fue tratado por un médico religioso. Con treinta años, soltero, y sumido en una profunda crisis, abraza el catolicismo más extremo. Entre sus ideas más férreas figura la de proteger a la mujer, a la que considera la criatura más débil, y por consiguiente, víctima de la sociedad.

Mi interpretación, por tanto, es que se representa a los dos hermanos en algún momento de esa crisis, y en particular, la chica que llora desesperadamente resulta ser un autorretrato. Resulta de ello ahora, aun más evidente si cabe, la identificación con el movimiento prerrafaelita. 

El torrente de lágrimas que desborda de la jarra pone tal punto de dramatismo a la escena que resulta exagerado. La idea inicial de Joan no era esa, como se puede observar en este estudio previo:


Carboncillo y lápiz blanco sobre papel
73,5 x 52,5 cm.

No hace falta decir que Joan Llimona era un excelente dibujante. Volviendo sobre el motivo que nos ocupa, obsérvese la diferencia entre este estudio y la pintura final: sin la segunda figura femenina y con un dramatismo más contenido, el significado es menos claro y parece más importante el sufrimiento momentáneo que la transformación irreversible que se produce en el interior del pintor, objetivo último de la pintura. 

Si volvéis la mirada sobre la primera de las obras, L’esposa, seguramente ahora la podáis ver con un nuevo enfoque.

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