Affreschi della Basilica di San Vincenzo a Galliano



Anónimo, h.1007. Ábside de la Basilica di San Vincenzo a Galliano (Cantù)

Pintura al fresco

El conjunto monumental, situado en la cima de una pequeña colina está formado por la basílica y el baptisterio, dedicado a San Juan Bautista. El promotor de la remodelación de la primitiva iglesia prerrománica y su decoración fue Ariberto da Intimiano, que llegaría a convertirse en obispo de Milán. Su ciclo de frescos es el ejemplo mas importante de la época otoniana en la parte septentrional de Italia. 


En la basílica, la parte más profusamente decorada es la del catino absidial: el fresco superior contiene un Cristo en Majestad, rodeado por una mandorla, con ángeles y profetas a su alrededor. Aunque el rostro de Jesús no se conserva, pueden observarse los detalles de las sandalias y la ropa que lleva. Su aspecto es de carácter plenamente otoniano, sin influencia bizantina. Con la mano izquierda sostiene un libro abierto, mientras que bendice con la otra.



A la izquierda de Cristo, en la parte inferior, está el profeta Jeremías y, a la derecha, el profeta Ezequiel. Se les ha representado en actitud de adoración, siguiendo la tradición bizantina que hubo de ratificarse en el II Concilio de Nicea ciento cincuenta años antes.

Detrás de Jeremías se encuentra el arcángel San Miguel, ataviado con el loros bizantino, con las alas desplegadas y sosteniendo la palabra Petice. Tras él, se presentan dos figuras de santos con su halo y una corona en la mano.

La parte inferior del hemiciclo está dedicada al martirio de San Vicente. El fresco de la izquierda, que apenas se conserva, muestra su flagelación en presencia del prefecto Daciano y una multitud horrorizada. En el siguiente fresco de la serie se observa como sus torturadores derraman plomo fundido sobre su cuerpo, ya con los brazos dislocados, mientras calientan hierros para desgarrar su carne.


En el último fresco se narra como el cadáver de San Vicente es devuelto por las aguas a las que fue arrojado, atado a una enorme piedra. De acuerdo a la la tradición, el santo se aparece a una viuda y a un cristiano para indicarles donde yace su cuerpo. Así, puede ser finalmente enterrado. 

A la derecha de este último fresco se representa a Deodato, el santo cuyas reliquias fueron trasladadas a esta iglesia, y al propio Ariberto da Intimiano, sosteniendo su propia basílica, en actitud oferente, . 

Encima de la entrada de la cripta, un parapeto de mampostería contiene el único fresco grande que representa a la Virgen con el niño, rodeado por santos. Sentada en un pequeño trono, adornado por joyas, a su derecha se encuentran San Pedro, descalzo y portando las llaves del cielo y el arcángel Miguel, sólo parcialmente visible. Al otro lado se encuentran San Pablo, con un pergamino en la mano, seguido de San Vicente, con un precioso atuendo, junto a otros dos santos más.

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